Lograr definir un hábito es bastante sencillo: se trata de una costumbre que se adquiere al repetir acciones similares de manera periódica. Sin embrago, algo tan sencillo de expresar, puede resultar sumamente complejo de adquirir, pues son múltiples los factores que entran en juego a la hora de poder establecer nuevas costumbres o eliminar las que ya no deseamos.

Actuar sobre los hábitos es una herramienta muy poderosa para el cambio y, por ese motivo, numerosas disciplinas han dedicado tanto tiempo y energía a su estudio, como la psicología, la medicina y la neurociencia.

Según Stephen R. Covey, los hábitos son una intersección entre el conocimiento, la capacidad y el deseo. Para entenderlo con un ejemplo, si deseamos comenzar a realizar ejercicio, necesitamos conocer de qué trata la actividad en cuestión, cómo se realiza (si dispongo del material adecuado o puedo conseguirlo) y además tenemos que estar motivados para ponernos en marcha.

En cualquier hábito podemos reconocer siempre 3 elementos: estímulo, acción y recompensa. Éstos pueden verse claramente en algunas ocasiones pero cuesta encontrarlos en otras.

Por ejemplo, si me cepillo los dientes antes de ir a la cama, el estímulo es la hora de acostarme, la acción es el acto de limpiarme los dientes, y la recompensa podría ser la sensación de frescor. Podríamos hablar incluso de una recompensa más a largo plazo, que sería la salud dental.

De esta manera, si usamos estímulos que funcionan como gatillos, podremos pasar a la acción más fácilmente. Tenemos que encontrar gatillos que nos induzcan a realizar el hábito de manera casi inmediata y sin pararnos a pensar demasiado, ya que sino entrarán en juego otros factores como la pereza y la búsqueda de excusas.

La recompensa también es muy importante, ya que funciona a modo de gratificación y nos dice que la acción realizada ha sido útil. Por ejemplo, después de hacer ejercicio, me recompenso con un baño relajante y esto crea una cadena de bienestar que me invita a repetir la conducta.

Algunos hábitos nos han sido transmitidos a través de la familia, la educación y la cultura, y por ello un proceso de autoconocimiento es importante para saber cuáles son nuestros condicionamientos, los estímulos que disparan nuestros actos y cómo respondemos a los mismos.

¿Te animas a integrar nuevos hábitos en tu vida?

Autora:

carol
Carolina Pérez

Psicopedagoga, Coach y Consultora de formación en fitness.

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